Ciudad de los niños de Francesco Tonucci

Para Francesco Tonucci la ciudad de los niños es un lugar donde ellos estarían en la calle, porque son bellas y provoca jugar en ellas, dan ganas de ser siempre niños. Leamos de qué trata.

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El proyecto de Tonucci: La ciudad de los niños

Hablemos de la ciudad de los niños y de su autor

El libro la ciudad de los niños de este psicopedagogo italiano, nacido en 1940, nos muestra un sumario de observaciones en torno a la relación actual de la niñez con las ciudades, dando cuenta de una realidad presente en varios países del mundo, acerca de la exclusión de los niños de la vida social urbana y de la idea de las ciudades.

El inquieto profesional, dibujante y escritor ha llevado a cabo su estudio sobre el pensamiento y comportamiento de la infancia en el contexto urbano; asegura que si se le da autonomía a los niños en la ciudad será un indicador irreemplazable para medir la calidad de ésta.

Vale destacar que, este investigador se hace llamar a sí mismo niñólogo, lo que afirma como una broma de mucha seriedad y que no es más que una persona que ha dedicado su vida a la infancia, a las niñas y a los niños.

Le interesan los niños

Explica que lo que intenta hacer, tanto en las escuelas como en los dibujos, es que los niños sean reconocidos como los  protagonistas dentro de las instituciones, de la familia y de las ciudades.

Decepcionado porque actualmente, los niños no han logrado encontrar un lugar donde crecer, jugar y desarrollarse libremente, Tonucci inicia su libro comparando cómo han cambiado las cosas en la infancia de hoy con respecto a la de hace sólo unas décadas atrás, con la intención de entender lo que ocurre. Para FRATO, como firma sus dibujos, los niños no son reconocidos, y no se trata de una situación nueva, si no que  probablemente, es una realidad histórica.

A los niños no se les ha tomado en cuenta. Puede decirse que tan solo por los padres, quienes les muestran consideración debido al afecto que les tienen. En la sociedad, han valido poco las ideas, opiniones, inquietudes de los niños. Es por eso que se ha escrito sobre los niños héroes.

Pero como punto en contra y a favor, se contaba con la ventaja de que los adultos les dejaban afuera, ya que lo más importante era que respetaran las reglas  (regresar a casa a la hora indicada, no hablar con extraños o personas no gratas, respetar los límites) y que no molestaran. Con esta rutina, los niños podían permitirse muchas cosas.

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Los niños de antes, los niños de ahora, la ciudad de los niños

No obstante, en la actualidad, ocurren dos fenómenos que se contraponen a los movimientos de respeto a la infancia y el afecto de los padres demostrado por todo el esfuerzo e inversión que hacen para con los niños:

El primero, es que entre las familias sale predominante la idea de la posesión ¡Es mi hijo! y el niño no tiene ningún tipo de autonomía; y el segundo problema es que los niños ya no pueden salir de la casa; no pueden buscar a los amigos o amigas, por tanto, están solos dentro de ella.

Esto está creando una situación completamente nueva en la cual los niños están sufriendo mucho. En ese tiempo, los niños se sentían seguros entre las casas, en la ciudad y en sus barrios, donde podían experimentar libremente el juego con sus amigos.

Hoy, la ciudad se ha vuelto un lugar hostil, cada vez más inaccesible para ellos, convirtiéndolos dependientes del desvelo de sus padres, quienes están temerosos de devolverles su autonomía, en ciudades determinadas en torno al automóvil.

¿Y los padres?

Los padres hoy día, debido al miedo a la ciudad invierten para hacer el juego posible, compran juguetes y mantienen a los chicos dentro de espacios controlados. A los niños en casa les hace falta leer, aquí dejamos la Reseña del Principito.

Es necesario darse cuenta que si los niños pierden la posibilidad de jugar en la ciudad, lo que para Tonucci es determinante para el desarrollo de las personas, se alejarán de lo que es natural en los primeros años: crecer y evolucionar jugando, construyendo bases fundamentales para su desenvolvimiento en el futuro.

Sin embargo, el psicopedagogo afirma que el juego no se puede comprar ni tampoco acompañar porque es una experiencia enteramente individual. Así mismo, al restarle autonomía y espacios a los niños en la ciudad, se les está restringiendo el desarrollar habilidades cognitivas sustanciales y aptitudes espaciales para su futuro, por ejemplo, administrar el tiempo y el lugar, lo cual sin duda, suscitará ver y comprender el mundo de manera totalmente diferente.

Finalmente, Tonucci considera que el poder que los adultos tienen ha sido utilizado para aprovecharlo a nivel casi personal, especialmente los adultos varones, impusieron en la ciudad el carro como protagonista principal. Considera que el carro es el “ciudadano privilegiado”, cuyos poderes están por encima de los nuestros: contamina, ocupa todos los espacios, incluso puede matar.

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El libro se convirtió en proyecto

Tomando como punto de partida toda su investigación y análisis, Francesco Tonucci desarrolla una experiencia llamada “A la escuela vamos solos” en diferentes ciudades de Italia y otros países del mundo, como una forma experimental y progresiva de relacionar nuevamente a los niños con su ciudad. Esta práctica permitió iniciar y establecer una Red de “Ciudades de los Niños” con Roma como punta de lanza.

En palabras del propio Tonucci, el objetivo principal de este proyecto es tomar a los niños como medida de evaluación y transformación de los espacios que habitan, que debe funcionar como tribuna de expresión de los niños en la ciudad y productora de diversas iniciativas que permitan escuchar y considerar la voz de los niños en la toma de decisiones para la ciudad, principalmente a través de los Consejos de los Niños.

Sin embargo, la mayoría de las veces el compromiso llega hasta el momento en que se unen a la red. Le preocupa la realidad, afirma que los adultos somos así frente a los niños: existe la disposición a prometer mucho, por lo general, mucho más de lo que los niños piden y a no cumplir. No obstante, hay ciudades en las que se están haciendo cambios y cosas maravillosas, de las que se siente complacido.

Las bases de la red

Se derivan de todo el conjunto, cuatro reflexiones a las que llega el autor, alrededor de la relación de la niñez con la ciudad: Primero, considera que es una necesidad de los niños, pues requieren volver a tener o, en la actualidad aplicaría más el término construir, la libertad y experiencia urbana para su desarrollo cognitivo y espacial.

Como segunda, cree que estas acciones, al ofrecerles libertad para hacer uso del espacio y crear experiencias en torno al juego, fortalecen la convivencia de los pequeños; logran y generan nuevos lazos de amistad y confianza entre pares.

También se enriquece la educación ambiental, no solamente desde el concepto de la ecología, sino de sentirse parte de un ambiente, el cual podría ser el barrio, la plaza o el parque.

Encontramos como tercera reflexión, la posibilidad de generar una educación vial, la cual desarrolle el deleite de moverse, cómo hacerlo y dónde, por tanto no refiere a educar a futuros automovilistas. En este apartado es necesario ser objetivos, puesto que las ciudades han sido diseñadas  para tener acceso a ellas a través del auto.

Esto significaría entonces que podrían suscitarse cambios de fondo en la forma en la que están pensadas y diseñadas las ciudades, ya que se enseñaría al niño a desplazarse de otra manera. Se lograría acercarlos a ellos y a otros grupos vulnerables a la posibilidad de acceder libremente a todos lados.

Para la cuarta y última reflexión, está convencido que es posible desarrollar una educación más saludable al bajar a los niños de los autos, punto importante de atención si se media y piensa en la alta tasa de obesidad infantil en el mundo.

Conclusiones de la ciudad de los niños

Este libro “se trata de aceptar la diversidad intrínseca del niño como garantía de todas las diversidades”, ya que una ciudad idónea para los niños es una ciudad apta para todas las personas.

Este libro permite comprender la necesidad imperiosa de hacernos cargo de los niños en nuestras ciudades y nuestro deber de establecer ciertos objetivos para iniciar un cambio en la manera en que son planificadas, tomando en consideración a los niños como elementos fundamentales para volver a pensar en sus interacciones.

Para Francesco, la ciudad después de los carros es la ciudad de los niños. Invita a todos a pensar que esta utopía es posible y sostiene permanentemente que la ciudad de mañana hay que pensarla hoy. Afirma que: “ Si los adultos no los escuchamos (a los niños) tendremos muchos problemas”.

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