Las Amistades Peligrosas: Personajes, argumento y más

Las Amistades Peligrosas es probablemente la más celebrada novela epistolar de todos los tiempos. Daremos aquí una introducción a esta fantástica obra exponiendo su autor, argumento y personajes.

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El origen de Las Amistades Peligrosas, un artillero hastiado

Para iniciar con una pequeña introducción a esta pieza fundamental de la literatura francesa del siglo XVIII, debemos explorar un poco la biografía del curioso nombre que le dio origen. ¿Quién fue Pierre Ambroise Choderlos de Laclos?

Nacido en 1741 dentro de una familia burguesa ennoblecida al menos nominalmente por el trabajo estatal, el francés Choderlos de Laclos entendió desde muy temprano que sus oportunidades de movilidad social hacia arriba radicaban casi exclusivamente al ámbito militar.

Por tanto, se enfocó en labrar su destino profesional a partir de la artillería, la rama típica de las personalidades que se imponían por talento personal en lugar de alcurnia y el sitio perfecto de ascenso en el contexto de la Guerra de Siete Años. También el lugar idóneo para adquirir el conocimiento más ecléctico de su época, desde matemáticas hasta ingeniería y geografía.

Toda parecía ir bien en su escala por el orden social, demostrando su brillantez en múltiples ocasiones durante su formación y preparándose ya para misiones militares cruciales contra los ingleses, en la India.

Pero ocurrió un evento beneficioso para la mayoría de sectores franceses y sumamente perjudicial para la carrera militar del joven Laclos: se firma el pacto de paz entre franceses e ingleses, culminando la gran Guerra que se suponía debía darle fuelle profesional.

La palabra que puede definir la existencia del futuro autor es hastío. Una paz de casi treinta años confinó a Laclos a actividades rutinarias en guarniciones irrelevantes a nivel bélico. Ni siquiera la independencia declarada por las colonias norteamericanas, que involucró a Francia en defensa de los insurrectos, le provechó un escenario de conflicto provechoso: de inmediato fue posicionado en un islote atlántico que nadie se molestó en atacar.

El aburrimiento puede acicatear las ansias de grandeza, como bien se sabe. Y el inactivo Laclos se prometió dedicarse completamente a su fallida carrera literaria, hasta producir una obra que dejara retumbando el mundo tras su partida física.

La escritura le permitió una rica evasión a la convivencia sin norte con soldados rústicos durante más de cinco años. Pronto le otorgó también un éxito popular con pocos precedentes en Francia, convirtiéndose la novela en centro de un colectivo entretenimiento escandaloso.

Las consecuencias institucionales tampoco se hicieron esperar. Al Ministro de Guerra no le causó ninguna simpatía la astuta obra y obligó a Laclos a devolverse de París, donde estaba supervisando la impresión del libro, para incorporarse de nuevo a su guarnición, en algo muy parecido a un arresto. El motivo de la polémica era claro. Laclos era un hijo de burgueses que se ocupaba de retratar con crudeza el libertinaje de la clase noble. Tal atrevimiento iba a atraer igualmente el triunfo y el castigo.

Es inevitable pensar que había algo en el pensamiento del artillero Pierre que buscaba inconscientemente guerra, el conflicto bélico que deseaba para su progreso y no obtuvo. Había en él un entusiasmo por chocar con el entorno elevado que tenía enfrente fuera de toda medida.

Quizá por ello, por estas ansias de guerra no satisfechas, pueda explicarse la agudeza brutal de Las Amistades Peligrosas y su terrible alegato en contra del señor de Bauvan, mítico fortificador del Estado francés.

Laclos caracterizó al héroe como mal diseñador y despilfarrador de recursos, dirigiendo temerariamente la comunicación al propio Ministro de Guerra que ya le había aplicado medidas punitivas. El resultado fue obvio. El autor debió abandonar el ejército y huir a tierras fronterizas. Quizá era lo que buscaba.

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A partir de este momento, el francés se involucró plenamente con la complicada intriga política de tiempos revolucionarios. Laclos pasó rápidamente de defender las ambiciones del Duque de Orléans, que le ofreció trabajo y acogida, a convertirse por mediación de Danton en comisario político de la naciente revolución, cada vez más paranoica. Laclos informó regularmente del comportamiento de militares sospechosos, con la misma agudeza brutal demostrada en su novelística.

Tras estar a punto de ser víctima de la misma maquinaria de terror con la que trabajaba, Laclos consiguió por fin encontrarse con el episodio bélico. No sólo había ya coordinado los esfuerzos para la crucial batalla de Valmy, también dirigiría los experimentos para producir el primer obús pesado para penetrar fortificaciones y se uniría a las ofensivas bonapartistas contra el resto de Europa.

En una ironía que no habría desentonado con su producción literaria, no pudo morir en batalla, sino de disentería, en Italia. A pesar de que le fue otorgado un monumento funerario, la restauración borbónica lo destruiría y no quedaría un solo resto del hombre que quería dejar retumbando al mundo con su nombre.

Su obra, olvidada durante más de un siglo, resucitaría bien entrado el siglo XX en ediciones críticas de curiosidades literarias.

La novela epistolar, un género peculiar de gran recorrido

Una de las razones para la supervivencia en el tiempo e influencia imperecedera de Las Amistades Peligrosas es su tratamiento exquisito del subgénero de la novela epistolar. Toda la novela se encuentra narrada según este formato, sin un narrador tradicional omnisciente o un narrador imponiéndose en primera persona con una única voz. En lugar de ello, tenemos una serie de cientos de cartas que los personajes se dirigen unos a otros, por medio de las cuales van estructurando para nosotros las acciones de la trama.

El género no era nuevo para 1782. El británico Samuel Richardson lo había explorado cuarenta años antes en sus novelas Pamela y Clarissa, ambos ejemplos de novela moralista con acento en el buen comportamiento femenino. Diez años antes, Goethe utilizó la novela epistolar para representar dentro del romanticismo la desesperación progresiva del suicida Werther. Y veinte años antes, Rousseau escribía epístolas pedagógicas y sentimentales en La Nueva Eloísa, inspiración clara para Laclos, aunque de moralidad inversa.

El siglo XVIII fue de hecho el gran siglo de la novela epistolar, con cientos de ellas escritas, que darían lugar en el siglo siguiente a intentos dentro de la estética gótica, como Drácula. Pero la obra de Choderlos de Laclos exhibe una complejidad estructural, penetración psicológica y sutileza de caracterización que llevaron al género hasta un nuevo estadio de posibilidades.

En el siguiente vídeo puede verse expuesta de manera sencilla una enumeración bastante completa de las novelas epistolares más famosas de todos los tiempos. En la cumbre de la lista está, por supuesto, Las Amistades Peligrosas. Laclos sigue retumbando el mundo, incluso en el siglo XXI.

Las Amistades Peligrosas, argumento y personajes

La trama de Las Amistades Peligrosas se distribuye en 175 cartas que cuentan las acciones y vicisitudes de cinco personajes principales, la marquesa de Merteuil, el vizconde de Valmont, Madame de Tourvel, Cécile Volanges y el Chevalier Danceny.

Para ser exactos, el plot se construye en base a lo que el par de demoníacos libertinos Valmont y Merteuil le hacen a los demás personajes, candorosas víctimas de sus intrigas y seducciones. La pareja de cómplices mantienen una relación de tensión erótica no resuelta demasiado cercana al odio mutuo, pero funcional durante la mayor parte de la novela para provocar daño en sus presas seleccionadas.

En cierta manera, los villanos son complementarios. Si Valmont puede mostrarse libremente en sociedad como seductor impenitente, teniendo por tanto un comportamiento más impulsivo y extrovertido, Merteuil debe acomodarse a las exigencias tradicionales asignadas a su sexo, siendo más secreta y calculadora en sus oscuros manejos. Valmont es un magnífico devorador, ejecutor de breves empresas. Merteuil una aguda planificadora, fría y con rencores de larguísima data.

Ambos caracteres y talentos se ponen en acción por una idea de venganza. La marquesa escribe al vizconde para incitarlo a seducir a Cécile, joven de quince años recién salida del convento y pronta a casarse con el conde de Gercourt. Éste es un antiguo amante de Merteuil que, según su versión, la había tratado con irrespeto.

La marquesa intenta entonces por todos los medios hacer que el conde acabe recibiendo una mujer deshonrada como esposa. Como premio por sus esfuerzos, ofrece a Valmont su cuerpo en caso de que triunfe.

El vizconde se niega en un principio, no por ética, sino por tener una agenda apretada. Valmont ya se encuentra intentando seducir a Madame de Tourvel, una joven mujer casada y virtuosa que espera el regreso de su esposo, dedicado a un largo viaje, en el castillo de la anciana tía del libertino, Madame de Rosemonde.

El vizconde hace progresos importantes con Tourvel, desplegando un encanto superficial de grandes declaraciones amorosas y convenciéndola de que ella podría reformarlo para vivir una existencia moral. Pero existe un gran obstáculo para la entrega final: Madame de Volanges advierte continuamente a la joven casada de la pésima reputación de Valmont.

De manera que Valmont decide vengarse de la entrometida y participar en el plan original propuesto por Merteuil, la seducción de su hija Cécile de Volanges. La marquesa, por su parte, se había puesto ya en marcha con sus propias manipulaciones, seduciendo al profesor de música Danceny y convenciéndolo luego de mantener relaciones con la chica de Volanges.

Valmont queda por tanto reducido en primera instancia a mensajero y facilitador de los encuentros de la joven pareja, mientras que Merteuil se asegura de asegurar que compartan los mismos espacios, aconsejando a Madame de Volanges llevar a Cécile al hogar de Madame de Rosemond, donde se encuentra también Madame de Tourvel.

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La gran adaptación cinematográfica de la obra Las amistades peligrosas de Choderlos de Laclos sigue siendo el film de Stephen Frears de 1988, con los magníficos John Malkovich, Michelle Pfeiffer, Glenn Close, Keanu Reeves y Uma Thurman como los personajes principales del drama.

Si te encuentras jadeando de confusión ante estos enredos, descuida, esa es la intención de Choderlos de Laclos. Resumamos de esta manera: los dos planes de seducción en principio independientes, la cacería montada sobre la mujer casada y virtuosa y la deshonra calculada de la joven venida del convento, se han convertido en uno solo, en un solo espacio. Valmont juega a dos frentes y de inmediato entrará en la habitación de Cécile bajo el pretexto de transmitir mensajes de Danceny, logrando acostarse con ella.

La conquista de Cécile es particularmente retorcida. No basta con aprovecharse de su inocencia, es necesario para los dos nobles crueles hacerla desaparecer. Cécile no sólo es un juguete erótico, también es objeto de una enseñanza minuciosa sobre el libertinaje, según la cual el adulterio y la promiscuidad son comunes y sensatas opciones para una mujer casada.

Mientras tanto, Valmont sigue logrando avances con Madame de Tourvel, huida del castillo donde vivían todos en común, para refugiarse en su residencia. Su salud se encuentra desmejorada por su pasión culpable hacia el vizconde. Éste finge también padecer la enfermedad del amor y fuerza un nuevo encuentro con ella, en el cual amenaza con suicidarse de no ser correspondido. La virtuosa cede definitivamente, cayendo en sus brazos.

Valmont acude a solicitar su trofeo por carta, la entrega también de la marquesa de Merteuil. Ésta, reacia a la dominación y algo celosa, exige malignamente al vizconde que efectúe una ruptura con Tourvel y mantenga relaciones con Cécile, como prueba de que no existe amor por la Madame casada. Valmont, considerando humillante el amor romántico, accede por orgullo al requerimiento y rompe con Tourvel por epístola. La mujer destrozada se refugia en un convento.

Tourvel no es la única en empezar a sufrir las peores heridas por la manipulación que se les inflige. En uno de sus numerosos encuentros con Valmont, Cécile sufre un aborto espontáneo. Todos deben fingir una enfermedad pasajera, quizá curable con la visita del Chevalier Danceny. Merteuil, de viaje por las provincias, ofrece como única respuesta al hecho que Valmont intente de nuevo embarazar a la chica de Volanges. Un bebé ilegítimo haría aún más exquisita su venganza contra el conde de Gercourt.

Tras intentar, quizá con cierto remordimiento, comunicarse con la desfalleciente Tourvel en el convento sin éxito, Valmont exige impulsivamente la entrega física de Merteuil, de manera inmediata. La relación entre ambos, que se ha ido deteriorando carta tras carta, llega a su punto más bajo y vulnerable. La marquesa, después de evadir al vizconde mediante su estudiado romance con Danceny, le declara la guerra.

Los dos antiguos cómplices se atacan con entusiasmo viperino y, como es de esperar, sobreviene la destrucción con el doble de rapidez que con los demás personajes. Valmont juega primero, convenciendo a Cécile de escribirle una carta amorosa a Danceny solicitando su presencia, separando al caballero de Merteuil. La marquesa responde con un golpe bajo y fatal: revela a Danceny los engaños de Valmont. El duelo consiguiente es inevitable.

Danceny asume el desafío con el temple del que había carecido durante toda la novela y Valmont, el terror de las mujeres honradas de toda Francia, cae bajo su espada. Con su último aliento, el vizconde también lanza una última jugada de ajedrez asesina, señalando a Danceny el fajo de cartas incriminatorias intercambiadas con Merteuil.

Así, mientras el seductor muere, la reputación de la marquesa queda también dañada irreversiblemente, siendo repudiada en todos los lugares públicos, perdiendo su fortuna en un pleito legal tras otro y con su belleza desvanecida por los estragos de la viruela.

Las dos mujeres seducidas tienen un destino también oscuro. Madame de Tourvel muere exhausta con la psique destrozada luego de recibir la noticia de la muerte de Valmont. Cécile de Volanges vuelve al convento de donde desearía no haber salido. Y Danceny abandona todo para largarse a la isla de Malta, lejos de intrigas.

¿Cómo hemos podido entonces acceder al conjunto de epístolas que conforman la novela? Gracias a Madame de Rosemond que, dolida por el asesinato de su sobrino Valmont, aceptó las cartas conservadas y difundidas por Danceny como prueba de su derecho a desafiar. Rosemond decide resguardar todo el bloque de epístolas como secreto, para intentar borrar el rastro del trágico escándalo. Así pues, toda nuestra experiencia como lectores es un gran acto de voyeurismo sobre el devenir apasionado de las amistades peligrosas.

Esta novela se ha considerado como un artefacto político, un germen cultural de la revolución que se impondría sobre Francia apenas una década después. Una obra en la cual nobles orgullosos pasean sus miserias mientras burguesas recatadas, como Tourvel, padecen sus efectos.

Sin embargo, también es una obra donde la psicología cambiante de los personajes se filtra con maestría por entre sus declaraciones soberbias. Donde el sentimentalismo romántico se abre paso, muy a su pesar, entre mentes aceradas por el cinismo y la seducción lúdica se va transformando en caída trágica. Donde se describe el espacio erótico donde todos nos traicionamos a nosotros mismos.

Hasta aquí nuestro artículo sobre Las Amistades Peligrosas, de Pierre Choderlos de Laclos. Si te ha interesado este texto sobre un inmenso autor francés, seguramente te llame la atención este otro sobre el gran Stendhal, fuertemente influenciado por la obra de Laclos para escribir su clásico Rojo y Negro. ¡Sigue el link!

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